LOS BENEFICIOS DE LA LECTURA PARA LOS CUIDADORES.

Mi último placer

«Leer es algo que suele ser relajante, divertido o que nos permite evadirnos durante un tiempo de los problemas del día a día, leer nos hace más felices«.

¡Oh sí! Bendito hábito 🙂 Y diversas investigaciones académicas así lo confirman.

¡Bienvenidos nuevamente, amigos cuidadores! Mis más sinceros agradecimientos por pasar un ratito de su tiempo con esta cuidadora inquieta 🙂 .

Hoy quiero compartir con todos ustedes mi pasión por la lectura y lo mucho que me beneficia en mi rutina como cuidadora.

Realmente, ésta es una de las pocas costumbres que he podido salvaguardar de mi antigua vida de treintañera soltera e independiente. ¡No perdono más de un día sin consumir letras escritas! ¡Lo leo todo! ^^

Quizás una de las mayores fortunas que e deparó la vida fue aprender a leer y a escribir. Y es que gracias a este dominio puedo llevar a cabo una de las actividades más placenteras y asequibles que existen: leer. El sosiego y el entretenimiento que me aporta la lectura no me lo regala casi ninguna otra cosa.

Y a pesar de que hay días que mi faceta de cuidadora y el tener que lidiar con determinados aspectos de la enfermedad de Alzheimer de mi hermano me deja exhausta, sin ánimos para nada más allá que recogerme en mi cama y apagar mi realidad, agotada y angustiada a partes iguales, irme a la cama y animarme a leer unas páginas de una novela o de un ensayo me revitaliza y me llena de interés por la vida en toda su expresión y amplitud.

LOS BENEFICIOS QUE OTORGA LA LECTURA CUANDO TRATAMOS CON ENFERMOS DE ALZHEIMER

Y es que sí, amigos, un buen libro nos proporciona una vía de escape para ausentarnos un tiempito de nuestra cotidianidad. Y nos permite soñar. Y también aprender de otras vidas, tal vez diametralmente opuestas a las nuestras, ¡pero justamente ahí está su encanto!

Y, principalmente, una lectura que nos atrape nos enseña a ser empáticos y flexibles, precisamente por mostrarnos un abanico de personajes y situaciones muy distinta a las que experimentamos a nuestro alrededor, pero que aún así conseguimos comprender. Y con ello nos invita a conectarnos con nuestras emociones.

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Por lo demás, con los libros sucede algo muy similar a aquello que ocurre con la radio: acrecienta la imaginación, nos ayudan a  desarrollar la creatividad, a despertar las emociones, a ver más allá de la nuestras narices, o dicho de otro modo, a ver nuestra vida desde otras perspectivas y con más objetividad, y, en conjunto, nos ayuda a agudizar nuestro ingenio.

Y todas estas facultades propias de lectores, en mi opinión, resultan indispensables a la hora de desempeñar nuestra labor como cuidadores y de entendernos mejor con una persona aquejada de algún tipo de demencia, dado que toda demencia contiene un alto componente de alteración emocional y comportamientos extraños motivados por episodios de alucinaciones y de ideas delirantes o irreales.

Por tanto, saber aplicar esos recursos psicológicos que utilizamos como lectores a nuestro día a día con un enfermos de alzheimer puede suponer ir un paso por delante de esta dolencia.

LOS BENEFICIOS QUE NOS DA EL HÁBITO DE LA LECTURA A LOS CUIDADORES

Pero practicar el hábito de la lectura también tiene un efecto muy positivo en nuestra salud mental, pues reduce significativamente nuestros estados ansiosos, nos ayuda a controlar el estrés, nos aporta una cierta dosis de felicidad y bienestar (sobre todo los finales felices de las novelas ^^) y, por supuesto, nos ayuda a ejercitar nuestra mente, a afianzar nuestra memoria, a dormir plácidamente y, por todo ello,  a mantener rejuvenecido nuestro cerebro.

¿Qué más se puede pedir? 🙂

En suma, amigos, los libros, las historias, las novelas,… encierran esa capacidad fabulosa de arrancarnos de una vivencia personal limitada, mediocre o simplemente anodina, para trasladarnos a un sinfín de peripecias extraordinarias, que no solo nos van a sorprender, sino que también nos obliga a replantearnos un punto de vista distinto al que poseías antes de iniciarnos en sus páginas (lo cual, no sé porqué, pero me resulta un motivo fundamental ^^).

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Es por eso que ¡toda historia nos transforma!

De alguna manera, al leer con asiduidad es como si estuviésemos más formados y preparados para percibir lo a priori indescifrable, para comprender lo a priori ininteligible.

Entender y empatizar con esos confusos trastornos cognitivos y conductuales que presenta quien padece alzheimer hace necesario mucho más que voluntad y paciencia, costumbre y resignación. ¡Hace falta fantasía y intuición! ¡¡Y yo estoy convencida de que los cuidadores debemos ser grandes fabuladores!! Tan siquiera para lograr trasmitir bienestar y calma a nuestros pacientes.

En definitiva, cuidadores del alma, yo les animo encarecidamente a que busquen tiempo para abstraernos de todo a través de un buen libro.Y si, por la razón que sea, no pueden prácticar esta actividad, les comunico que también existen libros en audios (en la página  de ivoox pueden hallar un montón de poscast y audiolibros).

¡Así que no tienen excusas! ¡¡Zambúllanse en un relato que les deje mariposas en el cuerpo!!

Pocas cosas hay tan terapéuticas para nuestro tipo de vida. ¡Doy fe! 🙂

LOS CUIDADORES Y SUS SENTIMIENTOS DE CULPA

OLYMPUS DIGITAL CAMERACuando veo alguna noticia o nota relacionada con el tema de las personas que se dedican a cuidar permanentemente a un ser dependiente de su familia, con frecuencia suelen referirse a ese prácticamente ‘conntural’ sentimiento de culpa que acompaña a su labor, entre otros muchos males físicos y anímicos. Pero, ¿saben qué? Confieso que yo no suelo padecer esa frustración emocional de sentirme culpable por algo negativo que haya pasado con mi enfermo. Y me felicito por ello.
Siendo yo un persona muy muy insegura y autoexigente, me costó mucho esfuerzo aprender a relativizar las situaciones y saber juzgar con objetividad qué parte de culpa tengo en lo que sucede a mi alrededor. A mí me preocupa, evidentemente, cometer errores, tener despistes o hacer mal algo y que ello perjudique a mi familiar. Pero no me martirizo por eso, porque entiendo que la vida se conforma de momentos en los cuales, ante situaciones insospechadas, a una no le queda más remedio que aplicar el método de “ensayo-error”.

Creo que lo fundamental es reconocer ese sentimiento de impotencia que nos crea el no ser capaces de entender esta enfermedad (¡¿pero quién puede ‘entender’ una demencia?!) que escapa a toda lógica. Y a partir del reconocimiento de este sentimiento negativo, interpretar los sucesos domésticos con frialdad,  de forma objetiva y racional. Entonces, nos daremos cuenta de que no hay porqué sentirse mal con nuestra labor. Tomándonos unos minutos para reflexionar con calma sobre nuestra impotencia podemos evitar que la misma se convierta en culpa.

Seamos realistas, amigos: los cuidadores somos humanos, no tenemos poderes sobrenaturales ni tenemos el don de la clarividencia o la telepatía. Es normal que cometamos equivocaciones o despistes, y quienes conviven con un enfermo de Alzheimer saben muy bien que esta enfermedad es realmente impredecible, que sus múltiples etapas aparecen sin avisar y que, sobre todo, el cerebro del paciente se ve alterado paulatinamente, de un minuto para otro. Muchos de los motivos que nos rompen los esquemas, que nos dejan perplejos, que suceden súbitamente y donde no tenemos tiempo casi a reaccionar, son motivos propios de nuestros enfermos, dependen de su percepción, de su actitud y de cómo funciona su mente en ese instante.

En definitiva, hay que comprender que escapan de nuestro control y por eso mismo nos agarran desprevenidos y nos provocan más de un susto y disgusto.

¿Pero debemos sentirnos culpable porque nuestro enfermo lo esté pasando mal o tenga un mal pensamiento? ¿Realmente podemos hacer algo para evitarlo o mejorarlo? Lo dudo. Yo, como cuidadora solo puedo sentirme mal por haber perjudicado a mi familiar con algo que yo haya provocado, pero SÓLO y EXCLUSIVAMENTE si ese algo haya sido hecho a conciencia, con voluntad y alevosía.

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Estoy segura de que si tuviésemos la capacidad de adivinar qué piensan nuestros familiares dependientes de nuestros cuidados, acertados o fallidos, éstas serían sus palabras (Foto de Acción Poética)

Es necesario discernir cuándo algún episodio relacionado con nuestro enfermo es responsabilidad nuestra y cuándo no. Y en el caso de cometer un error, si éste fue realizado con toda nuestra mejor intención, pedirle perdón a él… y perdonarnos a nosotros. No somos infalibles, pero en cambio tenemos la capacidad de aprender de los errores. Reconocer nuestra parte de culpa y rectificar en nuestras posteriores acciones, significa sabiduría y un alto grado de desarrollo personal. Pero ante todas las cosas, implica una poderosa capacidad de saber convertir nuestras debilidades (sentimiento de culpa, fustigación, frustración) en una fortaleza (aprender de ello y mejorar nuestra labor día a día). ¡Al fin y al cabo, es el ejercicio de perfeccionamiento lo que nos hace ser mejores personas!
Nuestro familiar nos necesita firme y enteros, sin el menor atisbo de duda o fragilidad y esta seguridad sólo podemos brindársela si nos sentimos empoderados y proactivos, es decir, si somos capaces de mostrarnos resolutivos, aún a riesgo de equivocarnos, en lugar de dramatizarlo todo. Porque los fallos, cuando son hecho con todo el amor y la buena intención, tiene todo el derecho (y esta vez sí) connatural de ser perdonados.

Y te puedo garantizar, cuidador/a, que pocas personas estarían dispuesta de desempeñar el trabajo de cuidar a un familiar enfermo crónico con la responsabilidad, paciencia y voluntad que lo haces tú. Así que, no hay nada que reprocharte, nada de lo que sentirte culpable y sí mucho por lo que premiarte y agradecerte. Sólo una persona que desprende  amor puede llevar a cabo el trabajo que tú haces silenciosamente, diariamente, sin esperar nada a cambio. ¡Y créeme que eso tu familiar enfermo lo nota! 🙂

Y eso es lo único que importa.

APRENDIZAJES QUE DEJA EL ALZHEIMER.

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No soy esa clase de personas que huyen de sus problemas ni que responsabilizan al medio circundante de sus infortunios. Jamás. Pero tampoco soy una persona decidida, ni segura de sí misma y de sus posibilidades. Me aterra el fracaso, o más bien diría que tengo poca resistencia al dolor que me provoca no alcanzar mis expectativas.

En general, mi modus operandi siempre fue preocuparme en exceso por lo que ocurre y lo que está por venir. Elucubrar cómo enfrentarme a una situación adversa con éxito, repensar los pros y los contra,… Sin embargo, al final termino dilapidando mi tiempo más en conjeturas que en acciones concretas. ¡Y sé que esta característica tan mía es mi mayor error! En el fondo, no es que no sea una persona valiente, sino que mi corrosiva inseguridad me exige siempre buscar el respaldo ajeno, que alguien se digne a darme un pequeño empujoncito que me lleve a moverme con determinación.

Sin embargo, como cuidadora ya no puedo permitirme el lujo de reaccionar así. Mis circunstancias personales y familiares me obligan a actuar sola: tomar determinaciones rápidas y eficaces; ocuparme de la situación o el problema con la mayor celeridad posible (porque, al fin y al cabo, lidiar con la enfermedad de alzheimer es como librar una batalla contrarreloj con el tiempo), y estar prevenida y alerta de episodios futuros. Por tanto, no dispongo de mucho margen de error, ya que sus consecuencias no sólo me afectarían a mí, sino a mi enfermo. Qué duda cabe que esta circunstancia particular resulta altamente estresante y mina mi capacidad de tomarme las cosas con templanza; pero también supone un aprendizaje para ejercitar mi desenvolvimiento personal y me demuestra que si quiero, puedo. Que mi madurez y mi coraje se amplían a cada momento vivido. Que puedo soportar las peores tempestades y soy capaz de encontrar una solución, aunque sea eventual, a cada problema.

Por eso constantemente repito una gran verdad cargada de esperanzas: la demencia de mi hermano me interrumpió mi vida… pero también me está enseñando a traspasar mis límites y desarrollar más mi instinto resolutivo y pragmático; a ver la vida desde otros ángulos más activos y exigentes; y, sobre todo, me está sirviendo para sacudirme los temores infundados y la inseguridad paralizante. Aún me queda mucho por mejorar, pero la experiencia singular que te otorga funcionar como cuidadora y algún curso de coaching personal, ayudan sin medida a sacar lo mejor de una misma incluso en las situaciones más desquiciantes.

 

DOS CARACTERÍSTICAS BÁSICAS DE LOS BUENOS CUIDADORES: SER FLEXIBLES Y SER CREATIVOS.

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El paso de una estación a otra nos enseña cómo el cambio forma parte de nuestra vida.

¡Buenos días, cuidadores!

En el día de hoy, quisiera compartir con ustedes una reflexión que tuve que comentar con una persona conocida que me preguntó hasta qué punto cambió mi vida desde que soy cuidadora a tiempo completo.

Entonces, tuve que pensar qué me quitó y qué me aportó el hecho de ser cuidadora y tratar de forma tan intensa con la enfermedad de Alzheimer… ¿Ustedes se ponen a pensar en algo así? ¿se centran solo en lo malo, acaso?

Yo definitivamente soy de las que siempre intento captar lo bueno que soy capaz de extraer de cada situación ^^, lo que suma en mi vida personal. Tal vez peque de ingenua o incluso de egoísta, ¡vaya uno a saber! Aunque, la verdad es que a la gente le sorprende que yo siempre aluda a la parte buena del asunto y lo que yo saco de beneficiosos, ¡ja, ja, ja! No sé por qué soy así, pero a mí siempre me gustó sopesar las cosas, encontrarles el lado positivo, porque yo creo que de todo se saca un aprendizaje.Lo que está clarísimo es que para mí ser así es una necesidad, una forma de mantener a tope mi salud mental ^^.

Y, en este sentido, hay dos aptitudes personales que me ha permitido desarrollar mi faceta de cuidadora: ser una persona más flexible y ser más creativa. ¡Y créanme que de ambas cualidades siempre anduve escasa! ¡ja, ja, ja!

¿POR QUÉ ES INDISPENSABLE SER FLEXIBLES CUANDO SOMOS CUIDADORES?

Ya lo afirman los profesionales del ámbito psicológico que  una muestra clara de inteligencia emocional es la flexibilidad, el sentido de la adaptación y la capacidad de resiliencia —es decir, el ser capaces de fortalecernos tras cada adversidad que encontremos en la vida —, son todos aspectos fundamentales para alcanzar un fuerte  y sólido desarrollo emocional. Se trata, pues, de tener una mentalidad abierta a los cambios, a los novedades.

Y cuando vivimos con una persona con Alzheimer… ¿qué podemos decir de nuevo? ¡Lo cambios de humor, de estado de ánimo, de realidad, son constantes, ¿verdad? Esta demencia es un carrusel de nuevas situaciones, con necesidades que se incrementan a lo largo de las diferentes etapas de esta dolencia y delirios inusitados que nuestro enfermo nos expone en medio de sus olvidos y realidad mental paralela.

Así que, lo dicho: estoy convencida de que para quienes somos cuidadores de una persona con alzheimer, poseer un alto grado de flexibilidad puede llegar a marcar la diferencia en el desarrollo óptimo de nuestra tarea, porque nos evita que la sensación de estrés o de ofuscación nos agarre desarmados y, al mismo tiempo, seamos más comprensivos con los enfermos. No sé hasta qué punto los cuidadores salimos ganando —ya que la amargura de presenciar algunos episodios demenciales sigue ahí —, pero sí es seguro que nuestro familiar va a agradecer cierta capacidad de aplomo y  sosiego en nosotros.

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Por otro lado, en lo que concierne a nuestra vida particular, los cuidadores experimentamos fuertes limitaciones de movimiento y sociabilidad, hasta el punto de tener que empezar una nueva etapa personal casi desde cero, renunciando a nuestra actividad laboral o nuestros hábitos comunes. Y qué decir tiene que los diferentes cambios de humor de nuestro familiar minan inevitablemente nuestro ánimo: nos abruman y nos descolocan a partes iguales. Por eso es tan importante trabajar nuestra inteligencia emocional y aplicarla en nuestra vida diaria con el fin de, no solo no caer en la desesperación, sino también saber extraer todo lo positivo.

Nunca debemos olvidar la certeza de que “todo pasa”, nada es para siempre e indudablemente, han de venir tiempos mejores. Y si siguen viniendo tiempos malos… bueno, al menos ya estamos más entrenados en capacidad de resiliencia para salir airosos de ellos 😉

Entiendo que es muy difícil poner buena cara ante tanto dolor y sacrificio, pero, ¿conocen aquel dicho que dice lo que no mata, fortalece? ¡Pues de eso se trata!

¿Y POR QUÉ ES FUNDAMENTAL HACER USO DE LA CREATIVIDAD PARA LOS CUIDADORES?

Como les comentaba anteriormente, lidiar con la enfermedad de Alzheimer nos obliga a dejar de la lado el pensamiento racional, así como echar mano de lo consabido. Todo resulta confuso, delirante e ilógico. El hecho de que nuestro enfermo desaprenda constantemente todo lo que fue aprendiendo a lo largo de su vida, ya es visto como una locura. Pero si además añadimos los episodios de viajes mentales al pasado, paranoias, alucinaciones e invenciones varias, más que nunca cabe a los cuidadores estar preparado para las situaciones más esperpénticas y desconocidas hasta entonces. Y ser empáticos, muy muy comprensivos con el mundo interior de nuestro enfermo… lo cual no es nada sencillo.

Por eso resulta tan relevante ser personas creativas. Hacer uso en cantidades industriales del llamado pensamiento lateral o divergente, que no es otro que aquel que nos exige acudir a  una perspectiva original a la hora de entender situaciones y buscar soluciones a las mismas, más allá de la lógica corriente. Y si no tenemos agudizado este talento, no queda otra que entrenarlo.

Pensemos en que es muy, muy complicado tratar de razonar con una persona con demencia encolerizada, obstinada en su confusión o alucinación. Y en estos casos, es primordial que el cuidador agudice el ingenio y busque rápidamente la forma de calmar a su enfermo, de evitar que se produzcan episodios desagradables —principalmente el abandono del hogar por parte del paciente— y, al mismo tiempo, que el cuidador no se sienta desbordado por la incomodidad que producen estas situaciones críticas.

¿Acaso no es la enfermedad de Alzheimer un nido mental de situaciones y pensamientos inverosímiles, confusos, incomprensibles y desconcertantes? ¡Una regresión vital y un desaprendizaje progresivo en toda  regla, que rompe con todo comportamiento racional para dejar lugar a lo absurdo! Así pues, no queda otra que aprender a ser absurdos ^^, lo cual, amigos míos,requiere grandes dosis de originalidad.

En definitiva, el funcionamiento del pensamiento creativo nos lleva a buscar respuestas especiales a las preguntas de ¿de qué (otra) forma podría  haberme enfrentado a esto?, ¿cómo podría sacar adelante esto?

RECURSOS PARA ENTRENAR LA CAPACIDAD DE ADAPTACIÓN Y LA CREATIVIDAD

Yo, que siempre fui de ideas fijas y mente rutinaria — o sea, era un cero a la izquierda en cuestión de flexibilidad o creatividad — he tenido en mi experiencia como cuidadora un excelente aprendizaje en cuanto a ser más flexible y permitir que la vida fluya sin tantas limitaciones y cortapisas. No obstante, también me ayudó mucho leer en estas circunstancias involuntarias libros y artículos de autoayuda o inteligencia emocional, así como ver vídeos, páginas web o escuchar programas de radio que aborden estos temas como si de un cuento se tratasen (o incluso, les confieso una pasión que poseo y que me ha ayudado mucho también: la astrología ^^, no la convencional en plan predictora, sino aquella aplicada de una manera sabia y autodirigida). Actualmente existen numeroso material textual o audiovisual dedicado a este sector. Les comparto unos pocos de los mucho que conozco y utilizo:

  • CITA CON LA NOCHE. Un programa de radio lleno de filosofía positiva.
  • EL VASO MEDIO LLENO. Una página web llena de entusiasmo y buena onda.
  • EXPLORANDO IDEASUn programa de radio canadiense maravilloso cuya finalidad es despertar nuestra consciencia creativa.
  • SER MÁS CREATIVOS. Un curso virtual impartido por la Universidad Nacional Autónoma de México, compuesto por numerosos vídeos interesantes y amenos que nos ayudan a potenciar la fluidez de ideas y desarrollar la creatividad.
  • EL ALQUIMISTA, libro escrito por Paulo Coelho, o EL PRINCIPITO, de Antoine de Saint-Exupery son ejemplos, de entre otros muchos, de una lectura inspiradora que nos enseña a ir más allá de lo vulgar, los límites y las dificultades para conseguir superarnos en el camino de nuestra existencia.

¡Y miles recursos más que hay por ahí! 🙂

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Indagar en este tipo de publicaciones puede ser de gran ayuda a la hora de despertar nuestro poder interior y dejarnos influenciar por una actitud positiva. De veras que en ella está la clave de nuestro bienestar y, por extensión, del bienestar que le aportemos a nuestro enfermo.

Además, amigos, lo bueno de estas dos sugerencias es que en muchos casos permiten un aprendizaje a través de la audición, sin necesidad de que tengamos que estar quietos en un mismo sitio y con nuestra vista pegada en una página. De hecho, yo aprovecho la hora de hacer la comida o irme a dormir para escuchar algunos de estos programas mientras mientras preparo las comidas o intento conciliar el sueño o  😉 .

En definitiva, queridos amigos, si como cuidadores estamos abocados a reinventar la realidad acorde con la de nuestro familiar y convivir con la fabulación que despliega la enfermedad de Alzheimer, mostrarnos predispuestos para hacer uso del pensamiento creativo y salirnos de lo lógico y convencional nos ayuda a afrontar muchos obstáculos de nuestra vida diaria, en todos los ámbitos y momentos, toda vez que nos enseña a convertirlos en experiencias y estrategias que podremos utilizar en aquellas situaciones de estrés elevado, para que el pánico o la desolación no nos desborde.

Espero que mis humildes consejos les sean de ayuda en su trabajo de cuidadores, pero especialmente para sentirse mejor y reforzar su autoestima y su optimismo.

Cuídense mucho, cuidadores. Un abrazo muy fuerte.

¡Hasta la próxima!